El día tan esperado..

Eran las 9 y me desperté, no tenía más sueño. Volví a mirar otra vez el papel que me dio Paul y estuve pensativa durante un rato, decidí que tenía que llamarle, pero ahora no sería, quizás luego. No quería despertarle y menos después de su gran actuación. Me levanté nerviosa, tenía la sensación de que hoy sería un día perfecto y esperé que esa sensación tuviera algo que ver con la llamada telefónica que haría dentro de un rato. Necesitaba una ducha para despejarme, porque seguro que me temblaba la voz al teléfono, tan sólo con saber que al otro lado de la línea estaba él. De todos modos comencé a organizar el dinero que debíamos gastar hoy, intentando concentrarme. Nuestros padres nos enviaban algo de dinero todos los meses y yo hacía las cuentas para que no tuviéramos problemas económicos, así que lo tenía siempre todo controlado. Se hicieron las 10 y media pasadas de la mañana. Me senté un momento en mi cama, mirando por la ventana el cielo nublado, como de costumbre. Dirigí una mirada al teléfono. Estaba asustada a la vez que nerviosa. Con la mano temblorosa descolgué el teléfono, pero al minuto lo volví a colocar en su sitio. Nunca había estado tan nerviosa. Decidí echarle valor al asunto y por fin marqué el número de la nota.

Alguien al otro lado: ¿Quién es?

Yo: Hola, buenas. Verá, Paul Mccartney me dio este número ayer y me dijo que le llamara, ¿puede ponerme con él?

Alguien al otro lado: Por supuesto, un momento señorita, ¿puede decirme su nombre?

Yo: Nuria.

Alguien al otro lado: Vale, espere.

Se oyó como ponían el teléfono sobre una superficie. Entonces, el personaje desconocido dijo bajito:

-Al teléfono hay una chica que se llama Nuria que quiere hablar contigo.

Se oyó un sonido brusco y sordo, como de alguien cayéndose.

-Paul, ¿estás bien?

Paul: Sí, son los nervios de coger esa llamada. De verdad no me he hecho daño, no te preocupes.

Se oía por detrás risas a carcajadas.

-Paul, ¿qué es lo que te pasa con esa chica?

Paul: Callaos ya e iros, que tengo que hablar con ella y la estoy haciendo esperar.

La habitación se fue silenciando. Entonces escuché como alguien cogía el teléfono.

Paul: Hola Nuria, estaba esperando tu llamada, perdona por haber tardado en coger el teléfono.

Yo: No te preocupes, no me importaba esperar.

Paul: Perdona si hablo muy raro también, pero es que estoy bastante nervioso.

Yo: Yo también, no sé como no me tiembla la voz o se me cae el teléfono.

Reímos levemente.

Yo: Bueno, anoche vi tu nota. Me… me encantó. No sé que decir, sólo sé que es lo más adorable que me han dicho nunca. Todo lo bonito que he escuchado en mi vida ha salido de tu boca.

Paul: No sé como dices esas cosas, supongo que tú no te escuchas a ti misma. Pero a mí me tienes perdiendo la cabeza con las cosas que dices.

Yo: Has vuelto a conseguir que me sonroje.

Paul rió durante unos segundos.

Paul: Bueno, ¿crees que podemos vernos hoy?

Yo: De eso quería hablarte. He pensado que podríamos hacer un picnik los cuatro y luego ver una película, ¿qué te parece?

Paul: Me parece genial, pero a cambio te pido una cosa.

Yo: ¿Qué?

Paul: Quiero que cuando veamos la película me dejes acompañarte al hostal… a solas, necesito decirte algo.

Tuve que callarme y empezar a respirar, porque empezaba a latirme el corazón demasiado rápido.

Paul: ¿Sigues ahí?

Yo: Sí, perdona, es que me he puesto muy nerviosa.

Paul: No lo estés, simplemente, dime que me lo permitirás.

Yo: No tenías ni que preguntarlo, por supuesto que sí.

Paul: Gracias, Nuria. He de preguntarle a John que le parece, así que espera un momento, ¿quieres?

Yo: Claro.

Paul: John, hoy tenemos cosas que hacer por la tarde.

John: (con voz adormilada) ¿Qué cosas?

Paul: Haremos un picnik con Nuria y Pili y después veremos una peli. Luego he pensado que podríamos acompañarlas a su hostal, pero cada uno a solas. ¿Qué te parece?

John: Me parece perfecto. Además quiero ver a Pili, la echo de menos, Paul. Creo.. creo que estoy enamorado.

Paul: Sientes el mismo sentimiento que yo.

John: Paul, por favor, cuando acabes de hablar con Nuria dile que llamaré a Pili en cuanto me duche, ¿lo harás?

Paul: Claro.

Cogió el teléfono de nuevo.

Paul: Nuria, ya estoy aquí, siento hacerte esperar.

Yo: No importa. ¿Vendrá John?

Paul: Sí. Tengo que ducharme, Nuria. He de hacer unas cuantas cosas antes de vernos.

Yo: No te preocupes, ve. Que esta tarde es entera para nosotros.

Paul: Nosotros. Esa palabra suena mejor cuando se refiere a ti y a mí.

Yo: Vas a conseguir que me desmaye.

Paul: No, que tenemos que vernos (ríe levemente). Por cierto, dile a Pili que John la llamará a este teléfono en cuanto se duche.

Yo: Vale, voy a despertarla. Adiós, Paul, nos vemos esta tarde.

Paul: Adiós, Nuria, te extrañaré mientras no esté contigo.

Colgué para no derretirme la oreja junto a sus palabras y morirme allí mismo.

Me levanté de la cama después de reaccionar. Me quedé de pie, pensando en Paul durante un cuarto de hora, reproduciendo la conversación. Mi corazón iba a morir de un momento a otro. Fui hacia la cama de Pili y me senté al lado.

Yo: !Despierta¡ Vamos, Pili, despierta, tengo que decirte algo.

Pili: ¡¿Qué pasa?!

Yo: He hablado con Paul y hemos quedado para hacer un picnik y luego ir al cine. Y John tambien va ha ir.

Pili: ¿John? Ay, que bien. Pero…¿ A que hora va ha ser el picnic?

Yo: Ay, no lo hemos acordado. Bueno no pasa nada, John va a llamarte en breves, así que lo habláis y todo eso, ¿te parece?

Pili: Vale.

En ese instante el teléfono sonó.

Yo: Pili, ese es el sonido del amor.

Empecé a reírme a carcajadas de mi propio chiste. Me dirigí a la ventana para que no se escuchara al teléfono.

Pili: ¿Diga?

John: ¡Hola Pili! soy John, ¿qué tal estás? No te imaginas las ganas que tenía de hablar contigo.

Pili: Hola, yo también, te echaba de menos. Oye, antes de que se me olvide, ¿a qué hora hacemos el picnik?

John: Menos mal que lo preguntas, porque a mí ya se me había olvidado.. ¿que tal a las 7? Y luego si os parece bien bamos al cine a eso de las 9 y media.

Pili: Me parece muy bien. Oye… ¿y el sitio donde hagamos el picnik?

John: Pues, en frente de tu hostal hay un parque perfecto para los picnics, me parece el sitio perfecto.

Pili: Entonces a mí también, así no podemos perdernos Nuria y yo.

John: ¿Sabes qué? Desde ayer no paro de pensar en tus ojos y acabé soñando con ellos.

Pili: Ya te dije que son unos ojos normales..

John: No, no digas eso. Son los ojos marrones más bonitos que he visto nunca.

Pili: Ya lo sé, era para que me lo volvieses ha decir, lo necesitaba escuchar de nuevo para creérmelo.

John: Te lo diré todas las veces que quieras e incluso más.

Hubo unos segundos de silencio, pero era un silencio que lo decía todo claro.

John: Me da pena tener que decirte esto, porque no quiero colgar, pero… Paul me dice que bajemos a desayunar. Hasta luego Pili, besos.

Pili: Adiós John, besos.

Pili se duchó y bajamos a desayunar. Nos dimos una vuelta por los jardines de aquel parque, para ver como era y después comimos en un restaurante cercano. A las 3 decidimos comprar lo necesario para hacer el picnic. Una cesta de esas de mimbre, un mantel, comida, bebidas, platos, cubiertos, vasos y servilletas.  Eran ya casi las cinco y decidimos tomarnos unos granizados de limón fresquitos en una heladería que también había por los alrededores. A eso de las 6 volvimos al hostal. Nos duchamos y nos arreglamos. Creo que nunca me arreglé tantísimo como en aquella ocasión.  Eran las seis y media cuando fuimos al parque y comenzamos a preparar las cosas. Paul se sentaría a mi lado y en frente se sentarían Pili y John. Que ilusión me hacía todo aquello, me sentía una niña en el día de reyes. A las siete muy puntuales llegaron con otra cesta John y Paul. Mi presentimiento de lo perfecto que sería aquel día comenzaba a complirse.

Anuncios
Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Nuestros sueños…. (sueño de Pili)

Me dormí antes que Nuria pensando en lo que íbamos ha hacer mañana y tambien en lo de anoche. Pensaba en que peli íbamos a ver. Seguramente la de Desayuno con diamantes por que estaba de estreno y además a ambas nos encantaba Audrey Hepburn. Dejé de pensar en eso  y me puse a soñar con el concierto y con lo del backstage. Conforme más lo soñaba más creía que era tan sólo un sueño y que no era parte de la realidad. Me desperté para ver de nuevo mi autógrafo y asegurarme de que era verdad. Eché un vistazo a mi alrededor, concretamente a Nuria y pude observar que se había dormido. Eran las 4 de la mañana y me volví ha dormir. Soñé que estaba en el concierto y de que John me dedicaba una canción, la de Hello little girl. Demasiado estaba yo soñando como para poder creer que John me la dedicaría. Estaba con Nuria y estábamos chillando y no nos creíamos y que estuviéramos ahí. Entonces bajó Ringo del escenario y me pidió que me tomase algo con él. Yo acepté y nos fuimos a la barra, Nuria se quedó con John hablando y me daba mucha envidia, no podía parar de mirarlo y ver como se reían. No podía parar de mirar sus pupilas negras y darme cuenta de que no se dirigían a mí. Me sentía tan mal…

Ringo: ¿Te encuentras bien?

Yo: Sí, sí. Es que estoy un poco cansada del concierto.

Ringo: Ah, bueno. Mira, sé que no paras de mirar a John y a tu amiga pero antes del concierto yo me fijé en ti y John en tu amiga. Dice que le pareces un tanto tonta y que tu amiga parece más guapa y divertida. Pero a mi no me pareces nada tonta, a mí me gustas mucho.

Me estaba enfadando conmigo misma por soñar con eso así que intenté cambiar de sueño. No sé como pero lo pude conseguir, cambié mi pesadilla por un bonito sueño. Estabamos Nuria y yo por el centro de la ciudad y nos dirijíamos hacia el hostal para cambiarnos e ir a la actuación de nuestro ídolos. No encontrábamos el local donde era el concierto y cada vez estábamos más asustadas. No había nadie para preguntar y ya eran las 10 de la noche, un tipo raro nos seguía y nos pusimos a correr por miedo a que nos cogiera y nos hiciera algo. Por suerte nos chocamos con dos chicos, y menos mal que espantaron al tipo raro. Más tarde nos acompañaron hasta nuestro hostal. Era altos y tenian un buen parecido, amables y educados, nos dejaron sus chaquetas por que hacia frío. Cuando llegamos al hostal su habitación estaba justo enfrente de la nuestra. Nuria le devolvió la chaqueta a Paul y yo a John, se metieron cada uno en su habitación y john y yo nos quedamos juntos solos en el pasillo. Me cogió ambas manos y me miró a los ojos. Me helaba su mirada, congelaba mis pensamientos y el vello se me erizaba tan sólo de sentir sus pupilas clavadas en mí. Nos acercamos poco a poco, hasta que nuestras narices se chocaron con timidez. Sonreí y él se limitó a acercarse un poco más y…

-!Despierta¡, vamos Pili, que tengo que decirte algo.

La voz de Nuria rompió ese maravilloso momento. Era mi amiga, pero por una vez me enfade un poco con ella. Estaba a punto de besarle y no pude por su culpa. Ojalá volviera a tener ocasión de hacerlo…

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Cuando la lluvia es incapaz de cubrir el calor mutuo..

Esa noche tuve un sueño muy real, lo recuerdo con total claridad. Me dispongo a relatarlo, quizás porque su belleza me obliga a hacerlo o quizás porque estoy enamorada de ese sueño.

Caminaba a casa una noche oscura, cubierta por las nubes de Liverpool. Seguramente se pondría a llover en cualquier momento, pero yo no podía encontrar el camino a casa por alguna razón. Me sentía perdida y caminaba completamente en soledad. Además todo estaba muy oscuro y una neblina gris cubría mi alrededor. Cansada ya de caminar decidí sentarme en una acera cercana y esperar a que amaneciera. En cuanto me senté comenzó a llover, el karma quería ser cruel conmigo aquella noche, o quizá no tanto.. Las zapatillas empezaban a pesarme por el agua que les había caído así que me descalcé. Pero hacía muchísimo frío aquella noche, y más bajo la lluvia, así que empecé a tiritar. Empezaba a no sentir las manos y los pies y me acurruqué cerrando mis ojos y pensando en alguna cosa agradable. El frío comenzaba a ser insoportable cuando algo cubrió mi espalda helada. Una textura de cuero me cubrió casi todo el torso y el frío inmenso se fue agotando en el vacío. Quise abrir los ojos para ver quién obró semejante milagro antes de que muriese congelada, pero el cansancio que me produjo el frío me impedía moverme con facilidad y sin dolor. Intenté moverme y lancé un callado grito de dolor. De repente mi querido ángel de la guarda me cogió en brazos, pero yo seguía manteniendo los ojos cerrados sin poder remediarlo, así que no supe quién era. Supongo que me quedé dormida en los brazos de mi salvador, eran unos brazos fuertes y acogedores, no quería alejarme jamás de ellos. Al rato desperté, abrí mis ojos, pero era incapaz de ver nada. La oscuridad, la neblina, la lluvia, todo me impedía verle el rostro a aquel ser sobrehumano. Creo que se sentó en un banco, pero la lluvia no caía en él, no digo que fuera un sofá o una cama o algo así porque notaba el frío en mis pies congelados. Allí abrazada a él mientras sus brazos me sujetaban y mi cabeza en su pecho descansaba, me sentía bien, perfectamente tranquila. Subí una de mis manos a su cara, para ver si tocándole alguna de sus facciones conseguía adivinar quién era. A mitad del recorrido, cuando casi había recorrido el cuello por completo, su mano paró a la mía delicadamente, con suavidad. Cogió mi mano con cuidado, como si temiera que se fuese a romper, como si creyera que fuese de porcelana, y entonces la pasó por su mejilla. Mi mano estaba helada, pero su cara estaba muy caliente, así que notaba como el calor cubría mi cuerpo entero. Empezó a tararear una canción, y me sorprendí muchísimo al descubrir que la conocía.

-Sleep pretty darling, do not cry, and I will sing a lullaby…

La voz esa era la suya. La conocía perfectamente. Quise reincorporarme y abrazarle, darle las gracias, besarle. Pero el dolor me paró de nuevo.

-Descansa, duerme. Tendrás oportunidad de estar a mi lado siempre que quieras, pero ahora relájate y sumérjete en sueños, pequeña.

Cerré mis ojos tranquilizada por su voz. Y quedé dormida pues, paralizada por cada palabra que salía de sus labios, por cada sonido…

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Después del gran concierto…

Acabábamos de cumplir nuestro sueño, por mi parte conocer a John Lennon y por parte de Nuria conocer a Paul McCartney. Estábamos riendonos todo el rato por que no nos lo creíamos. Ivamos de camino al Hostal. No estaba muy lejos pero estábamos muy cansadas y muy emocionadas. Legamos al hostal y subimos a nuestra habitación, nos pusimos nuestros pijámas y nos metimos en nuestras camas. No podíamos dejar de pensar en lo de esta noche. yo había dejado mi autógrafo y mi entrada para el viernes en mi mesilla y Nuria hizo lo mismo pero con su entrada.

Yo: Oye, ¿que tal conocer a Paul McCartney?

Nuria: Pues, fue fantástico poder conocer a mi ídolo. Me ha dado esta entrada para el viernes, ¿John te ha regalado otra no?

Yo: Sí, es de primera fila y me hizo prometer que iria y tambien me ha dado este autógrafo. (se lo doy)

Nuria: Qué bien, yo le podía haber pedido uno a Paul. (Se lastima) Yo ahora no voy ha poder dormir.

Yo: Ni yo tampoco. ¿Mañana que vamos ha hacer? Mañana es jueves, podríamos ver una película. He leído en una revista del hotel que los jueves hacen descuento.

Nuria: Vale, me parece una buena idea. ¿Qué película vamos ha ver?

Yo: Pues….. La verdad no había pensado en eso. Pero bueno, le pediremos a la taquillera que no saconseje.

Nuria: Es verdad, ¡es que tienes soluciones para todo!

Yo: Para todo, todo no.  Pufff, que sueño tengo. Son ya las 2 menos cuarto , yo me voy ha dormir.

(Lo siguiente está relatado por Nuria.)

Pili se quedó dormida porque no la escuché más en toda la noche. Yo no podía dormir, no paraba de pensar en la mirada de Paul, en su mano acariciando la mía. Había sido tan sólo hace pocas horas, no lo podía creer aún. Me paré a pensar en mi error de no haberle pedido un autógrafo, qué tonta había sido. ¿Y si no volvía a verle por alguna remota casualidad?, ¿Y si algo me impedía verle el viernes? Decidí no pensar en lo malo, ser positiva y decidí pensar que me pondría mañana. Me dirigí al perchero para echar a la colada la ropa del día anterior. Cogí la camiseta y el pantalón, pero decidí asegurarme de que en los bolsillos del pantalón no había nada. Y suerte que hice eso, porque ya no recordaba que Paul dejó un papel en el interior de uno de los bolsillos. Cuando vi el papel y lo sostuve en las manos el corazón empezó a latir como un desquiciado. El papel blanco bien doblado y simétricamente perfecto contenía letras de Paul, lo que fuera me valía. Tiré la ropa al suelo y fui a mi cama corriendo. Una vez allí sentada tuve que hacer unos ejercicios de respiración, para relajarme. Con las manos trémulas abrí el papel cuidadosamente, lentamente, con muchísima delicadeza, como si mi vida dependiera de que ese papel no se desgastara a causa de mis manos ni un sólo milímetro. Una vez que estuvo abierto miré al final, la firma de Paul resplandecía brillante con tinta negra. Me dirigí al principio y leí:

“No sé tu nombre aún, puesto que esto lo escribo antes de ir a buscarte. Pero sé que vendrás y sé que cuando leas esto ya nos habremos conocido. También estoy seguro de que justo ahora que la lees te estaré necesitando. Porque acabo de ver tu mirada y tu sonrisa y creo que necesito más de ambas, así que después de conocerte supongo que aún más que ahora. Es la primera vez que me siento tan nervioso, voy a ir a buscarte y ni siquiera sé si huirás. Pero creo que saldrá bien, sino no la estarías leyendo, ya que no habría conseguido dártela. Sólo quería decirte que, a pesar de darte la entrada para el concierto del viernes, necesito verte antes, por si surgiera cualquier imprevisto. Sé que sólo hay un día de por medio, pero si podemos vernos, aunque fueran sólo diez minutos, sería suficiente para mí. Dejo aquí el número de mi habitación, llámame cuando quieras, incluso si son las cinco de la mañana. Y puedes decirle a tu amiga Pili que si quiere llamar a John, llame al número de más abajo. Quiero que sepas que a pesar de no conocerte siento que voy a necesitarte mucho, que vas a ser importante en mi vida. Firmado: Paul.”

Estas letras llenaron por completo mi día. Me tumbé en la cama abrazando el trozo de papel, manteniéndolo apretado en mi pecho y cerré los ojos pensando en sus palabras. Serás importante en mi vida. Esa frase concretamente rondaba por mi cabeza una y otra vez, con su voz de fondo. Supongo que quedé dormida pensando en ello, pensando en él.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

En el backstage (Desde la perspectiva de Nuria).

Mis ojos miraban con detalle esa puerta blanca. Cualquiera hubiera podido pensar que era una puerta blanca bastante simple, pero yo sentía que tenía el destino escrito en ella. Dentro de pocos segundos Paul abriría esa puerta y probablemente sería un paraíso, tenía esa certeza. Dudaba si todo aquello era real, mis ojos no podían estar viendo de verdad todo esto, mis labios no podían haber hablado con Paul esa noche, era demasiado maravilloso todo como para creérselo. Miré mis manos, mis cinco dedos estaban ahí, nada parecía estar fuera de la normalidad, todo era real. Mientras me miraba con detenimiento cada dedo pude observar, de fondo, el pomo de la puerta girando. Lo miré, era redondo y dorado y lentamente nos abriría paso a la estancia. Hasta que la puerta se abrió. Paul apareció desde atrás y besó mi mano con lentitud, depositando en el beso miles de bytes de información que me costaba leer. Miré sus ojos, escruté sus pupilas y él hizo lo mismo durante varios segundos. Pude observar que había un pasillo, por el cual Pili y John se alejaron de la mano hasta llegar a una puerta al final y meterse dentro. Después de un rato Paul cogió mi mano con firmeza, entrelazando nuestros dedos y caminamos. La primera puerta pasó de largo con rapidez y, tras una puerta más,  nos metimos en la tercera. Era una habitación pequeña, pero acogedora. Las paredes eran de un rojo escarlata, o quizás borgoña. Había poco mobiliario. Un tocador con una silla, una mesa con un par de asientos y una nevera pequeña. Cerró la puerta tras de mí sigilosamente. Me giré y le miré. Él hizo lo mismo, y así pasaron minutos, muchos minutos. Cuando reaccionamos ambos, nos sentamos en las sillas que había junto a la mesa. Nos miramos fijamente de nuevo. Su mano recorrió la mesa hasta situarse en el centro, con la palma abierta; hice el mismo recorrido con mi mano y la entrelacé con la suya, acariciándole. Sonreí.

Paul: ¿Qué te hizo sonreír de ese modo tan sincero?

Nuria: Esto.

Paul: ¿Y qué es “esto”? (Riéndose levemente)

Nuria: Esto es… Esta noche. Conocerte, tu mirada, tus manos. Todo tú.

Paul: ¿Yo te hago sonreír?

Nuria: Sí. (Me sonrojé bastante)

Paul: Pues tienes una sonrisa tan bella que tendremos que vernos más, porque necesito alimentarme de la brillantez que poseen tus labios al sonreír. Y si para sonreír me necesitas a mí, entonces ahí estaré.

Nuria: ¿Eso quiere decir que nos volveremos a ver algún día?

Paul: ¿Algún día? No. Este viernes, que tenemos otro concierto.

Nuria: Pero… No he sacado las entradas, ya no quedarán.

Paul: (Sacándose algo del bolsillo) Aquí tienes una entrada para primera fila. Ve y luego saldremos un rato, después del concierto. ¿Irás?

Nuria: Te lo prometo.

Paul: Esperaré entonces impaciente durante todos estos días.

Nuria: Y yo, créeme.

Paul: No lo dudo.

Se levantó primero y me cogió de la mano para levantarme con delicadeza. Salimos de la mano por le backstage y por la puertecita blanca de antes. Allí en el local estaban John y Pili esperándonos. Noté que Paul metió un papel en mis pantalones, pero decidí mirarlo luego. Cuando llegamos hasta donde estaban John y Pili nos despedimos ambas de ellos dos. Paul me dio dos besos, los dos mejores besos de toda mi vida y se marchó después de varios segundos mirándonos.

Pili y yo decidimos ir al hostal a dormir, ya que había sido una noche de sensaciones demasiado fuertes. A la mañana siguiente hablaríamos de todo.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

En el backstage (Desde la perspectiva de Pili). Magia de Nuria incluida (?)

Estábamos frente a la puerta que Paul estaba apunto de abrir en unos minutos o quizás en segundos. Estábamos super emocionadas, no nos lo creíamos. Cuando Paul bajó del escenario para buscarnos a nosotras fue como un sueño, fue increíble, no nos esperábamos que se diesen cuenta de que estábamos allí, entre tantísima gente. Cuando nos dijo lo de  nuestras miradas fue algo que siempre recordaré, algo que jamás esperaría sin duda alguna. Paul abrió la puerta y es como su hubiese cuatro salas, una para cada uno (Paul, John, George y Ringo). Paul le cogió la mano a Nuria y a mi me la cogió John. Me agarraba la mano de una forma fuerte, segura, como si fuese para asegurarse de que no me iba. Yo tampoco se la soltaba y seguramente se la sujetaba del mismo modo porque yo tampoco quería irme de su lado, a su vera me sentía más feliz que en ningún otro lugar. Me abrió la puerta de su camerino particular muy educadamente y me dejó entrar primero diciendo, con una voz dulce y pausada, muy tranquilizadora:

-Las señoritas primero.

No era muy lujoso pero estaba muy bien. Es decir, tenía lo necesario: Un sofá, una nevera, una especie de tocador con espejo, mesa y una silla delante, unas cuantas fundas de guitarras, una mesa con 4 sillas y un perchero pequeño. La estancia era tan diminuta que apenas cabíamos los dos y dudo que otra persona pudiera caber allí dentro. Me ofreció asiento en el sofá y me sirvió un vaso de cocacola.
John: Bienvenida a mi desordenado camerino, si es que se le puede llamar así, porque esto es un cuchitril más bien. (Reimos) ¿Te llamas Pili, no? O al menos eso es lo que Paul me ha dicho al llegar.
Yo: No está tan mal, una mano de pintura lo arregla todo, además, cumple las necesidades que un ser humano necesita, así que es suficiente. Y es acogedor. Respecto a lo de mi nombre, sí, bueno, me llamo Pilar, pero para los amigos como tú Pili.

Su pelo brillaba bajo la tenue luz del pequeño habitáculo, sus ojos marrones brillaban profundos e insistentes, eran preciosos, y esas dos maravillas me observaban a mí. Y su nariz blanquecina seguía brillando como si estuviera pulida. Era más alto que yo, pero no mucho más. Nuestras miradas estaban cruzándose tímidamente de vez en cuando, pero ninguno de los dos sabía mantener la mirada demasiado tiempo en el otro. Su mano se entrelazó más fuertemente con la mía y sus dedos acariciaban la piel de mi mano. Notaba el tacto suave de sus dedos en cada poro de mi piel, hasta en los huesos podía notar su calor. Después de un silencio largo, un pelín incómodo, John hizo un carraspeo y por fin profirió unas palabras:

John: ¿Sabes por qué te he traido conmigo?

Yo: No.

John: Por tu mirada.

Yo: ¿En serio? Pero si estos ojos marrones son lo más normal del mundo…

John levantó los ojos hasta los míos, observándolos detenidamente.

John: Nunca más vuelvas a decir eso.

Yo: ¿Por qué?

John: Mira, he ido a un montón de sitios, he viajado por miles de pueblos y ciudades y por supuesto he visto a miles de chicas que han intentado tener algo conmigo. He visto miles de ojos y créeme, jamás he visto unos como los tuyos. El marrón canela de tus ojos es una perdición. Son el vacío. Son brillantes y cada trozo de ellos, cada milímetro es perfección traducida a tus ojos. Sólo son dos lindas joyas que asoman por la cavidad superior de tu cabeza, pero son las dos lindas joyas más hermosas que jamás he podido admirar. Esos dos ojos marrones son los que te han traído hasta aquí. Esas dos perlas castañas volverían loco a cualquiera, y yo no podría ser menos. No podría resistir a esa dulce rendición en el vacío.

¿Cómo podía yo mediar palabra con esas cosas tan maravillosas que habían salido de sus labios? Ante mi silencio John dijo:

-¿Te quedas callada?
Yo: Bueno.. es que no sé qué decir, nunca me habían dicho algo tan bonito.

John: Entonces nadie sabe qué tiene delante.

Me sonrojé levemente y le miré.

Yo: ¿Podrías firmarme un autógrafo? Es que quizás esta sea la única oportunidad en mi vida de verte.

John: Mira, de momento te puedo dar un autógrafo mío, pero eso de volvernos a ver tienes que retirarlo, ya que tendrás que prometer que si te doy una entrada para el próximo viernes vendrás a verme.

Yo: Me parece perfecto. Lo prometo.

John buscó en los cajones y al rato depositó en mis manos un ticket.

John: Es para primera fila, no llegues tarde.

Me dió dos besos y un abrazo largo, pero me hubiese gustado que lo fuera más, no quería marcharme jamás. Miré el autógrafo, ponía: Para mi gran fan y amiga Pili y para los ojos tan preciosos que posee. Un Beso de tu amigo John. Al final su firma decoraba el papel. Me acompañó a la salida y me invitó a otra cocacola fuera por que Nuria todavía no habia salido. Me preguntó cosas de la actuación y de cuanto tiempo estabaríamos allá en Liverpool y muchas más cosas, hasta que Nuria llegó, acompañada por Paul. Ambos se fueron y nos quedamos solas. Nos fuimos al hostal a dormir, mañana hablaríamos de todo lo ocurrido.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Luces eléctricas.

Unas luces inundaron mis pupilas, unas luces blancas y deslumbradoras, cegadoras como ningunas. El eco de la voz del presentador se desvaneció lentamente, con sus nombres posados sobre mis tímpanos suavemente, que se repetía una y otra vez, desapareciendo poco a poco entre los aplausos. Cerré los ojos un segundo, deseando que no fuera un sueño y entonces el foco de luz que me enfocaba justo a la cara desapareció. Abrí los ojos y pude comprobar que una sombra lo tapaba, una cabeza, su cabeza. Una vez que mis pupilas volvieron a acostumbrarse a la nueva luz establecida en el lugar los vi con claridad, con detalle. Tan sólo a un metro de distancia estaban ellos. Sólo un paso nos separaban. El brillo de las luces recorría en libertad sus oscuros cabellos, como gotas de reluciente agua azabache. Sus voces, su sonido, ellos, inundaron por completo la estancia, en ese momento sólo me concentré en ellos, nada podría tener más importancia. De izquierda a derecha, primero pude ver a George. Su pelo más bien corto y negro caía sobre su frente y sus ojos grandes y oscuros relucían en su rostro. Una sonrisa inundaba de felicidad su cara blanquecina. Más a la derecha podía ver, en la parte de atrás, a Ringo. Su pelo, algo más largo que el de George caía sobre él una y otra vez en las ondulaciones que le producía el movimiento continuo de su cuello, al seguir el ritmo para la batería, en su rostro, unos ojos azules despuntaban el resto de las luces a su alrededor y una magnífica sonrisa cubierta de una hilera de dientes blancos como perlas se extendía a lo largo de su cara. Justo delante estaba John. Su tupé parecía que iba a desmoronarse en cualquier momento, porque no paraba de tambalear. Sus ojos marrones clavados en la gente del público eran completamente profundos y tan alegremente sinceros que no pude evitar una sonrisa en mi rostro que él mismo provocó con su mirada. Y por último, a la derecha del todo lo vi a él. Él, el dueño de mis sueños desde que me hablaron de él y escuché su voz, su música, su magia. La magia de un vinilo jamás tuvo nada que ver con aquello. Escucharlo a tan pocos centímetros, sentir como su voz me arropaba como una manta de lana, sentirlo tan cerca, tan envolvente. Mi sonrisa se extendió aún más, hasta un punto en el que quizás me dolía un poco, pero no podía esconder la felicidad que tenía. Le miré fijamente. Admiré todo su ser. Su cabello, sus ojos verdosos y brillantes, sus labios, su voz, su sonrisa, sus manos. Admiré cada centímetro que mi vista pudo alcanzar. Y deseé que mirara al público, deseé que me mirara a mí, aunque fuera por un sólo instante. Que nuestras miradas se cruzaran una milésima de segundo, eso tan sólo me bastaba. Y sucedió. Le miré, me miró. Nos miramos un momento y él sonrió. Sentí mi corazón muerto en ese instante. Y casi me desmayé, por eso miré un momento a Pili. Pili no paraba de mirar a John y en un momento también John la miraba. Y se la veía tan contenta que no pude evitar pensar lo feliz que éramos allí ambas. Volví a mirar a Paul. Y sus ojos, posándose de nuevo en mí me acribillaron, atravesaron mi alma entera, dejando un agujero con la primera letra de su nombre y el sonido de su bajo. No me di cuenta del tiempo que pasó. Y supongo que pasó más del que yo creía que pasó, porque de repente se bajaban del escenario. No quería verles marchar. Me puse triste, casi lloré, y quizás lloré un momento, y Pili y yo nos miramos apenadas. La noche se acabó, pero ambas queríamos más, más de Paul por mi parte y más de John por la suya. Nunca saciaríamos nuestro apetito, siempre queríamos más y más de ellos, eran pura droga. Eran el éxtasis para nuestras venas, que cuando tenían su dósis en la sangre corrían y brotaban felices a alimentar el resto del cuerpo mientras el corazón latía más rápido que nunca. Entonces, mirando el suelo estaba junto con Pili, cuando el mejor momento de mi vida se acercó. Unos zapatos negros de punta taparon parte de la baldosa que observaba detenidamente en mi silencioso sollozo. Me sequé levemente los ojos, pero apenas me dio tiempo, una mano posada en mi barbilla subió mi cabeza y tuve que elevar mis ojos húmedos tan arriba como estaba la cabeza de mi interlocutor misterioso. Y no tan misterioso después de un segundo. Morí en mi interior. Paul. Paul en frente de mis ojos. Sus pupilas y las mías intercambiando información a miles de millones de kilómetros por hora, traducidos en latidos del corazón. El tiempo pudo pararse en ese instante, porque quise morirme en ese segundo maravilloso, quise morirme dentro de sus ojos esmeralda. Miré a Pili, pero en seguida Paul me obligó a mirarle de nuevo.

Paul: No sé cuál es tu nombre, pero necesito conocerte. Tu mirada significaba mucho más que las demás de aquí. Algo me decía de especial esos ojos negros tuyos. Tienes que venir conmigo.

Nuria: N-no pue-puedo, Pi-Pili.

Señalé a Pili al ver que mi tartamudeo me dejaba en vergüenza, cosa que a Paul parecía hacerle gracia.

Paul: Tu amiga también se viene, John me manda a por ella, ya que lo mismo que tu mirada para mí, lo mismo para John era la de tu amiga, Pili, ¿así se llama no?

Paul miró a Pili y ésta asintió levemente sonrojada. De nuevo, él volteó la mirada a mis ojos y dijo: Ahora dime tu nombre y acompáñame si de verdad tu mirada significaba algo.

No dudé y Pili tampoco, seguimos a Paul inmediatamente. Nos llevó por varios pasillos, detrás del escenario del local. Paul se giró hacia nosotras delante de una puerta.

Paul: Este es nuestro backstage, os veo un poco nerviosas, será mejor que os tranquilicéis y después entréis, así que cuando estéis listas, venid.

Pili y yo nos miramos. No nos dirigimos la palabra, más que nada porque no podíamos. Entonces miramos la puerta. ¿Que nos guardaría el destino ahí detrás?

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario