Desayuno con diamantes.

Cuando miré a la entrada y los vi caminando hacia nosotras algo dentro de mí estalló. Mi corazón comenzó a latir muy rápido y quise levantarme e ir corriendo a abrazar a Paul. Decidí retener mis deseos porque no quería parecer una demente, así que me levanté y esperé a que se acercaran. Paul llevaba unos vaqueros ajustados y una camisa negra, esas prendas de ropa le sentaban tan bien que pensaba que me desmayaría en cuanto lo viera más de cerca. Cuando estuvieron a nuestra altura, los cuatro nos quedamos paralizados. En el caso de Paul y yo, nos mirábamos fijamente y ninguno de los dos parecía poder moverse. Esbocé una sonrisa que no podía retener más y él hizo lo mismo. Me dio dos besos lentamente y dijo.

– ¿Está este asiento ocupado, señorita?

No pude evitar una leve carcajada al oír sus palabras.

– No, puede sentarse libremente.

Reímos ambos, incluso Pili y John se nos unieron. Cuando dejamos de reír comenzamos a tomar la merienda. Me daba vergüenza que Paul me mirara mientras me comía los sandwiches, así que cada vez que le daba un bocado me solía girar disimuladamente para que no pudiera verme. Pero se dio cuenta y me lo dijo:

-No me digas que te da vergüenza que te mire mientras comes (riéndose levemente).

Me sonrojé al instante y puse mis manos sobre mi cara para que Paul no pudiera verme. Entonces unas manos apartaron las mías. Eran las suyas. Cuando mi cara estuvo descubierta al completo abrí los ojos lentamente. Y justo enfrente estaba Paul observándome de nuevo, de nuevo sus pupilas estaban clavadas en las mías. Miré hacia abajo un momento y él dijo:

-Anda, come tranquila, no te voy a juzgar por cómo comes un bocadillo. Además, tienes que estar nutrida para que luego podamos hablar tranquilamente, recuerda que te dije que tenía que decirte algo.

En seguida me tranquilicé, pero aún seguía cavilando qué era aquello que quería decirme. Tendría que esperar hasta que acabara la película y no sabía si la curiosidad me mataría antes. Cuando acabamos de comer tiramos los desperdicios a una papelera cercana y Paul y John nos acompañaron al hostal, que íbamos a dejar todo lo demás. Una vez en la habitación me tumbé un momento y me dije:

-Tranquilízate Nuria, tranquilízate.

Pili me se me acercó casi sin que yo me percatara.

Pili: ¿Qué es lo que te pasa? Te noto muy nerviosa hoy, quizá más de lo normal.

Nuria: Paul me dijo ayer por teléfono que hoy tenía que decirme algo importante y me muero de la curiosidad.

Pili: Tendrás que tener paciencia, Nuria. A mí John no me dijo nada de eso, sin embargo, hoy me ha dicho que después del cine teníamos que hablar.

Nuria: Al menos tú no estás tan nerviosa como yo.

Pili: Créeme, lo estoy, pero lo oculto, trata de hacer lo mismo, ¿vale?

Asentí levemente con la cabeza sonriendo un poco.

Pili: Y ahora vamos, que nos esperan Paul y John.

Bajamos rápidamente las escaleras y cuando llegamos a la puerta pude verlos por el cristal de ésta. Estaban hablando ambos muy serios y un poco nerviosos, cuando nos vieron cambiaron inmediatamente de actitud y dejaron de hablar. Aquello más que extrañarme me preocupaba, en parte tenía miedo de lo que Paul me iba a decir, ¿y si era algo desagradable? Pero yo sabía que tenía que ser positiva, así que dejé de pensar en ello. Íbamos caminando sin prisa, yo al lado de Paul y Pili al lado de John. Pili y John iban de la mano, y lo cierto es que yo también quería ir de la mano con Paul, pero me daba tantísima vergüenza decírselo que me lo callé. De todos modos no tuve que callármelo demasiado rato. Noté la mano de Paul deslizarse hacia fuera de sus bolsillos y acercarse a mi brazo lentamente. Cuando tocó mi antebrazo fue dirigiéndola hacia abajo hasta encontrar mi mano y entrelazó sus dedos con los míos. Miré al suelo y sonreí. Pude notar su mirada clavada en mí, pero no me atreví a comprobarlo. Caminamos un poco más hasta que llegamos al cine. No era un edificio demasiado grande, pero era bonito. En lo alto había un cartel que ponía: “Desayuno con diamantes (Audrey Hepburn)”. Estaba muy nerviosa, jamás había entrado a un cine de Liverpool y me hacía muchísima ilusión, y aún más de la mano de Paul. Mi sonrisa fue aumentando cuando dentro del cine vi un montón de cuadros retro, que a mi parecer eran fabulosos. Paul me miró y sonrió tan ampliamente como yo. Con el momento de euforia me quedé observándole, sin darme demasiada cuenta de cuánto tiempo pasaba. Hasta que su mirada se cruzó con la mía. Como estábamos en la cola para entrar a la sala y ésta no avanzaba, no dejamos de mirarnos, ya que nada nos lo impedía. Mi mirada no se apartó de él ni un sólo instante, y lo mismo pasaba con su mirada. Si se pudiera desgastar algo con los ojos, aquella noche nos hubiéramos desgastado por completo. Nos hubiéramos hecho añicos allí mismo. Al final, la cola fue avanzando poco a poco y tuvimos que apartar las miradas, aunque yo misma hubiera deseado que ese momento hubiera sido interminable.

-Sus entradas, por favor.

Paul dio ambas entradas, la de él y la mía, y entramos en la sala los cuatro. Nos reservaron un palco para los cuatro en la parte alta del cine, donde la pantalla no podría nublarse por la altura de una persona que se sentara delante. Esperamos a que empezara la película por lo menos un cuarto de hora, en el que me dediqué a mirar la mano de Paul unida a la mía. Recuerdo que también hablamos un poco, pero de cosas banales sin importancia, por eso me permitiré saltarme esos detalles. Cuando apagaron las luces de todo el cine, me desilusioné un poco, porque ya no podía ver a Paul. Empezó la película y juro que traté de concentrarme, pero me carcomía el pensamiento que llevaba arrastrando toda la tarde. Apenas me enteré de algo de la película, quizá me concentré en un par de escenas, pero no demasiado. Entonces la mano de Paul se deshizo de la mía. Me entristeció bastante y me quedé mirando al suelo. El pecho comenzaba a dolerme de la tristeza que me invadió. Llegó un momento en el que no lo pude soportar más.

Nuria: Perdonadme chicos, pero no me encuentro muy bien, voy a salir fuera un momento a que me dé el aire fresco.

Todos asintieron y yo salí fuera. Me senté en una acera cercana y traté de tranquilizarme. Inspiraba y espiraba, así durante un buen rato.

-¿Te encuentras bien?

Era la voz familiar. Me giré y allí estaba Paul, mirándome con cara de preocupación. Le hice una señal para que se sentara a mi lado, aunque luego pensé: “Qué tontería, nadie se sienta en la calle, y menos alguien como él”. Pero para gran sorpresa por mi parte, sin pensárselo, se sentó junto a mí, muy pegado a mi cuerpo.

Paul: Dime, ¿qué te pasa? Hoy te noto nerviosa y distante, no sé si es que te encuentras mal o si he dicho algo inoportuno, pero necesito saberlo, si no te importa, para poder buscarle una buena solución.

Nuria: Bueno, lo que me pasa es que no puedo parar de pensar en lo que me vas a decir luego. Al principio era sólo curiosidad, pero se ha convertido en ansiedad, porque tengo miedo.

Paul: ¿Miedo?, ¿miedo de qué?

Paul cogió mi mano con delicadeza y la besó mirándome.

Nuria: Tengo miedo a que esto tan sólo sea otro de mis sueños. Tengo miedo a que lo que me digas sea algo terrible que me derrumbe de la cumbre de felicidad en la que estoy desde ayer. No sé, quizás soy una niña cobarde, pero esto es lo que me pasa.

Me miró durante unos instantes a los ojos. Y poco a poco fue esbozando una sonrisa tierna y sincera. Sus pómulos iban subiendo lentamente hasta colocarse debajo de sus ojos. Y tres líneas salían de éstos alegremente. Al mirarlo me quedé embobada, a duras penas pude mantener mi boca cerrada. Aquel chico que tenía delante, ¿realmente era humano?

Paul: Mira, ¿ves nuestras manos entrelazadas?

Asentí mirándole aún como quien ve una ilusión.

Paul: Pues confía en mí. No quiero adelantarte nada aún de lo que te quiero decir, sólo diré que no es nada terrible, niña asustadiza, ten paciencia.

Nuria: La tendré, lo prometo.

Paul se levantó y tiró levemente de mi brazo para que me levantara yo también. Una vez arriba, antes de entrar al palco le dije:

-Perdona mi cobardía.

Y pude escuchar cómo su voz susurraba:

-Eres una niña cobarde, pero eres mi niña cobarde favorita.

Sonreí al escuchar sus palabras y quedé por completo tranquilizada, como un niño durmiendo en brazos de su madre después de haber llorado horas y horas durante la noche. Cuando llegamos y nos sentamos volvió a soltar su mano, pero esta vez esperé a ver qué era lo siguiente que hacía. Pasó un rato tan largo que pensaba que se había cansado de darme la mano, pero entonces su brazo se extendió por el aire y su mano se posó sobre mi hombro. Tiró de mi cuerpo hacia él y me dejé llevar, hasta echarme un poco sobre su hombro, pero no mucho, sólo levemente.

Acabó la película y Paul apartó el brazo de encima. Me preocupé un poco de nuevo, pero luego vi que me sonrió y me dejó pasar delante de él con un gesto. John también le quitó el brazo de encima a Pili pero con la diferencia que John le susurró algo al oido, Pili se dio la vuelta y se sonrieron tiernamente. Paul ni siquiera medió palabra, de nuevo mis pensamientos negativos inundaron mi cabeza. Por suerte nos fuimos a los baños los cuatro y pude conversar con Pili en el baño de chicas tranquilamente.

Pili: Oye Nuria, ¿qué es lo que te pasaba antes, que hasta te saliste fuera un rato?

Yo: Es que Paul me soltó de la mano y empecé a agobiarme y no pude soportarlo más.

Pili: ¿Y qué pasó? Porque vi que Paul fue a buscarte.

Yo: Pues me pasé un rato sentada en la calle tratando de calmarme, porque encima estaba asustada por lo que me tiene que decir Paul dentro de un momento y entonces él apareció. Se sentó a mi lado y me quitó todo el miedo, me dijo que no era nada malo lo que me tenía que decir, pero aún estoy algo nerviosa.

Pili: Si es que se ve que Paul se preocupa por ti. No estés nerviosa por que seguramente lo que te vaya ha decir no lo olvidarás nunca, al igual que yo cuando John me vaya a decir lo que se supone que tenía que decirme. Aunque no lo parezca estoy muy nerviosa, pero lo mejor es no pensar en ello.

Yo: Es que no sé, es diferente, entre tú y John hay feeling.

Pili: Sí, la verdad es que sí. Mira, cuando se fue Paul, John me pasó el brazo por encima de los hombros y se pegó a mi. Muy cerca, creía que me iba a dar algo cuando de repente John acreca su cara a la mía y me empezó a dar besos en la cara. No sé cuántos me llegó a dar pero fueron varios. Entonces apartó su cara y me sonrrió y yo tambien le dí varios besos hasta que vi que Paul y tú llegabais.

Yo: (Asombrada) ¿De verdad? ¡Qué bien! Qué suerte, ojalá tubiese yo la oportunidad de que Paul tambien me diese besos y yo se los dé a él. ¿Y qué te dijo al oido?

Pili: Pues que le gustaría poder tener otra vez la oportunidad de poder volver a besarme. No especificó dónde pero yo estoy super emocionada. Tengo ganas de saber que es lo que John me va ha decir. Uf, ahora mismo me sudan las manos y todo del nerviosismo.

Al mismo tiempo en el aseo de caballeros.

John: Oye Paul, ¿sabes por qué Nuria se ha ido fuera antes?

Paul: Pues sí, estaba agobiada y asustada por lo que le voy a decir después. Que no sabía si era malo o bueno, y creía que le iba a decir algo terrible, según ella. Entonces la tranquilicé y pasamos para dentro cuando pude calmarla.

John: Sabes, mientras tu y Nuria no estábais me decidí por un momento a besar a Pili, le puse mi brazo sobre sus hombros y la iba a besar en los labios, ya sabes, como te dije antes de venir, pensé que sería el mejor momento para hacerlo. Estábamos solos, a oscuras, sin nadie alrededor y lo iba a hacer pero me paré a pensarlo un momento. ¿Y si no le gustaba que le diera un beso tan pronto? ¿Y si ni siquiera le gusto a ella? Entonce me acerqué a su cara y me limité a darle varios besos en la mejilla. Entonces la miré fijamente, para ver su reacción. Ella me miró y también me beso varias veces hasta que vio que llegabais y paró. Ojalá no hubiese parado, te juro que me moría de felicidad mientras me ahogaba en sus besos.

Paul: John, a ella le gustas. Se ve claramente.

John: ¿De verdad? Vaya, yo creia que solo me veia como un amigo, pero no sabes cuanto me alegra oírte decir eso, porque hoy quiero decirle lo que siento por ella. Y por cierto, tú a Nuria le gustas tambien.

Paul: ¿Sí?

John: Sí, quizá tú no te des cuenta, pero su mirada está cargada de significado.

Paul: Mejor, así podré decirle que estoy enamorado de ella con más seguridad, porque no creo que pueda guardármelo más tiempo. Y por cierto, ¿Qué le dijiste a Pili al oído antes?

John: Que ojalá tuviese la oportunidad de poder besarla otra vez.

Paul: Ay que ver John, no pierdes el tiempo. A mí es que me da miedo ir rápido con Nuria, porque la veo tan tímida y tan sensible que me da cosita tocarla. Bueno salgamos, no hagamos esperar a nuestras chicas.

Salimos los cuatro a la vez de los baños. Nos miramos. Paul me cogió de la mano fuertemente y la besó después me dejó pasar delante. John le puso el brazo a Pili en la espalda, la dió otro beso en la cara y la dejó pasar también.

Y ahora llegaría el gran momento…

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